Las aversiones a alimentos y los cambios de sabor pueden ser sorprendentemente específicos. Un alimento puede oler más fuerte de lo habitual, saber metálico o desagradable, resultar demasiado pesado o simplemente dejar de apetecer. Un registro tranquilo puede mostrar si ocurre de vez en cuando, se extiende a más alimentos o afecta a lo que puedes manejar.
Describe el cambio con tus propias palabras. Separa olor, sabor, náuseas, saciedad y apetito cuando puedas. Por ejemplo: "el café sabía amargo", "el olor de la carne provocó náuseas", "los dulces eran demasiado intensos" o "no tenía hambre, pero el sabor era normal".
Registra lo que pasó después sin convertirlo en una regla. ¿Dejaste la comida, elegiste otra cosa, omitiste comida o bebiste menos? ¿La aversión ocurrió a cierta hora del día, cerca del día de inyección, después de un cambio de dosis, durante una enfermedad o junto con reflujo, hinchazón, estreñimiento, vómitos, dolor de cabeza o fatiga?
Un resumen semanal suele ser más fácil que un diario detallado de alimentos. Enumera los alimentos u olores que se volvieron difíciles, los alimentos que siguieron siendo manejables si quieres anotarlos, y si tu ingesta general cambió. Evita rediseñar tu dieta por tu cuenta a partir de una semana de notas de sabor.
Habla con tu prescriptor, farmacéutico, dietista u otro profesional sanitario cualificado si las aversiones o cambios de sabor persisten, empeoran, te angustian o dificultan comer, beber, tomar medicamentos o seguir un plan clínico existente. No cambies la dosis, el horario ni el medicamento solo por notas de sabor.