Un apetito más bajo puede formar parte de la experiencia con GLP-1, pero un apetito que parece demasiado bajo merece atención. La pregunta importante para tus notas no es si comiste una cantidad "buena". Es si la comida y los líquidos se volvieron difíciles de manejar y con qué frecuencia ocurrió.

Una vez al día, registra hambre, saciedad e ingesta en términos sencillos. Podrías escribir "sin hambre hasta la noche", "lleno después de unos bocados", "me salté la comida sin querer" o "podía beber normalmente pero la comida se hacía difícil". Si un diario completo de comida te resulta pesado, basta un resumen breve.

Añade los síntomas que afectaron a comer o beber. Náuseas, vómitos, estreñimiento, diarrea, acidez, hinchazón, cambios de sabor, dolor abdominal, dolor de cabeza, mareos o fatiga pueden cambiar cómo se siente la ingesta. Regístralos por separado del apetito para que tu prescriptor vea el patrón completo.

Anota también efectos prácticos: medicamentos omitidos, dificultad para trabajar, problemas de concentración, sueño interrumpido, evitar comidas sociales o ansiedad ante comer. Si tienes diabetes u otra enfermedad en la que los cambios de ingesta afecten a tu plan de tratamiento, incluye ese contexto en tus notas de revisión.

Contacta con tu prescriptor, farmacéutico u otro profesional sanitario cualificado si el apetito bajo persiste, te preocupa o dificulta comer, beber, tomar medicamentos o funcionar normalmente. Busca ayuda médica urgente si no puedes retener líquidos, te sientes muy mal o tienes síntomas intensos o que empeoran rápidamente.